El deseo en las infancias como construcción colectiva

En el escultismo crítico popular, hablar de infancia no es solo nombrar una etapa de crecimiento, sino reconocer un momento vital donde se construyen los cimientos del deseo y la identidad. Más aún, entendemos que esta construcción no es individual ni espontánea, sino profundamente colectiva. Norbert Elias  en La Sociedad de los individuos nos invita a repensar al ser humano como producto de sus relaciones: “Para comprender a un individuo, hay que conocer los deseos predominantes que aspira a satisfacer. Pero estos deseos no están inscritos en él previamente a toda experiencia. Se constituyen a partir de la más tierna infancia bajo el efecto de la coexistencia con los demás.” Desde esta mirada, el Escultismo Crítico Popular deja de ser una herramienta para formar individuos «exitosos» o adaptados al sistema, y se convierte en una propuesta pedagógica que acompaña a la infancia, cultivando deseos compartidos, sueños comunes y prácticas comunitarias. Este artículo reflexiona sobre cómo se construyen los deseos durante la infancia en el marco de una propuesta educativa colectiva, transformadora y popular.

 

🌱 Infancia: el territorio donde se siembran los deseos colectivos

En la tradición scout, especialmente en la etapa de la Ronda y Manada, se reconoce la fuerza del grupo como núcleo de crecimiento. Pero en una propuesta crítica, damos un paso más: entendemos que la infancia es un espacio de construcción simbólica, donde se aprenden no solo habilidades, sino formas de desear, convivir y transformar el mundo con otros. Los deseos no surgen solos. Se forjan en la interacción, en el juego, en los conflictos y en las alianzas que los niños y niñas tejen entre sí y con sus acompañantes adultos. En la Ronda y Manada, no solo se aprenden canciones y rituales: se aprende a imaginar futuros posibles desde lo colectivo.

🔥 Deseos que se construyen en comunidad

El escultismo crítico popular reconoce que los deseos no son innatos, sino que se construyen en comunidad. En la infancia, los primeros vínculos nos enseñan a sentir, a querer, a esperar. En un entorno scout comprometido con la justicia social, ese proceso se enmarca en experiencias de cooperación, cuidado y participación. Por eso, educar las infancias implica ofrecer a cada niño y niña la posibilidad de soñar con otros: con un mundo diferente, con una vida digna, con relaciones libres de violencia y dominación. Así, el deseo deja de ser una pulsión individual para convertirse en energía compartida de transformación.

🛶 Acompañar deseos, no imponer caminos

El rol del adulto en este marco cambia profundamente. No guiamos desde arriba, sino que caminamos al lado. Educar no es moldear, sino acompañar el proceso de construcción colectiva del deseo. Esto implica escuchar, habilitar la palabra, y estar dispuestos a desaprender. Algunas prácticas fundamentales en este enfoque:
    • Escuchar y validar los intereses reales de la infancia.
    • Crear espacios horizontales donde niñas y niños decidan.
    • Favorecer el juego libre, el conflicto cuidado y la exploración del entorno.
    • Desnaturalizar roles de género, clase y cultura que limitan la libertad de desear.

🌍 Infancia para sembrar comunidad, soñar futuro

El escultismo crítico popular no busca formar individuos competitivos, sino comunidades conscientes. En la infancia, los vínculos son tan importantes como las actividades. Allí es donde se cultivan los deseos colectivos que sostendrán la esperanza, la acción y la transformación en la adultez. Porque cuando acompañamos a la infancia desde el amor, el respeto y la comunidad, no solo creamos experiencias significativas: estamos sembrando la posibilidad real de otros mundos.

📣 ¿Y tú?

¿Cómo vives las infancias en tu comunidad scout? ¿Qué tipo de deseos se cultivan en tus actividades? Si quieres saber más te invitamos a nuestro facebook 👇🏼 https://www.facebook.com/escultistas