Democracia y educación

No hay crecimiento democrático fuera de la tolerancia que, a la vez que significa sustantivamente la convivencia entre desemenjantes, no les niega sin embargo el derecho a luchar por sus sueños. PAULO FREIRE

Paulo Freire nos regala esta magnífica cita para tratar de darle un sentido alternativo al sentido de la «tolerancia»; pero en ese recrear las ideas, nos aventuramos a una mayor radicalidad, trascender la tolerancia hacia posiciones de encuentro, de interpelar al diferente, de crear diálogo e intersubjetividad entre los distintos.

El verdadero diálogo radical sólo se logra con quienes están en posiciones diferentes sin dejar de tratarles con toda dignidad como un otro. Esto que parecería a simple vista algo sencillo, se convierte en una de las grandes dificultades, sobre todo cuando se aplica una tolerancia de aceptación del otro pero, con la condición de que se mantenga en su sitio, que no me interpele, que no moleste.

Así pues, comúnmente se promueve una tolerancia a secas; la tolerancia que sólo ve al otro como un objeto que se le tiene que dejar vivir pero, con la consecuente distancia. No hay un acercamiento ni proximidad, a lo mucho una proxemia forzada cuando es necesaria o no queda de otra.

En la práctica educativa, social o asistencial, que se proponga profundamente liberadora, se requiere que los sujetos asuman su posición dentro de la práctica cómo uno más del grupo, integrándose en comunidad que se construye y configura a sí misma.